Recuerdo la primera vez que ví este cuadro de Antonio Gisbert , y me causó tanta impresión que tuve detenida mi mirada a través de la pantalla de ordenador por unos cuantos minutos.
Después me olvidé de él, pero volvio a aparecer en mi vida, visitando el pasado diciembre el Museo del Prado de Madrid cuando de repente me lo encontré al entrar en la sala donde estaba expuesto.
Las miradas de los protagonistas tropezaron con la mia, tan viva , tan muerta. Quizás el saber que esto habia ocurrido en tierras malagueñas que es donde vivo en la actualidad, hace que pueda que te sientas más involucrada.
Me parece impresionante como las miradas y las no miradas debajo de los pañuelos blancos pueden decirnos tanto a través de su expresión corporal. Saber que llega la hora, y además de eso sentir el sonido de las balas como cronometros a unos pasos de ti. El abatimiento de los cuerpos desplomandose como figuras de bolos, la sangre abriendose paso entre el dolor, el silencio cortando el aire. Pisar ahora el asfalto donde antes habia arena, y donde miles de hombres fueron asesinados bajo tus pies.
Sin duda alguna sufrí lo que denominan Síndrome de Stendal al ver éste cuadro...


