Hay épocas en las que una esta más nostálgica y meláncolica , y entonces la memoría que es muy selectiva te arroja recuerdos lejanos de los que ya no te acordabas, pero que viendo fotos o rememorando momentos con tu hermana empiezas a revivir sin querer.
Entonces te trasladas a esa época en que llegaban las vacaciones y sacabas de nuevo tu bici GAC roja y os encaminabais por la avenida para arriba y para abajo.
Ibámos también a jugar al campo, nos llevaban bocadillos y los domingos era el dia de fiesta por excelencia cuando nos juntabamos con los primos para ir a la piscina de Mostoles. Llegabamos de los primeros, antes incluso de abrir las puertas, pero ya había gente que aguardaba con las tortillas, sombrillas y pelota para jugar en el cesped. Nos tirabamos todo el día ahí, los ojos los tenía enrojecidos del cloro y los hombros -aunque mi madre me había echado crema- desprendían ese tono especial de que cuando llegará a casa podía comprobar que al final me había quemado .
Mi tia nos decía que no se nos ocurriese mear en la piscina que sino a nuestro alrededor se formaba un circulo de color que nos delataba. Y nos recordaba que después de comer , si nos queríamos meter de nuevo, teníamos que esperar a hacer la digestión o ir corriendo cuando hubiésemos engullido nuestro último trozo de bocata para no tener que hacerla porque sino te obligaban a quedarte al menos dos horas sin poder bañarte.
Homenaje.Las mejores frases de Chavela Vargas
Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra.
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| Video Frida. Llorana |
Para creer, hay que sentir la necesidad de creer.
Sal con una chica que no lee
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
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Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
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